- ¿Alguien lo enterró hace años?
- ¿Formaba parte de algo más grande?
- ¿Había estado siempre ahí sin que me diera cuenta?
Cuando lo cotidiano deja de serlo
Desde ese día, mi jardín ya no es solo un jardín.
Es un lugar con preguntas.
Porque a veces olvidamos que bajo nuestros pies puede haber mucho más de lo que imaginamos. Historias enterradas, objetos olvidados, fragmentos de otras vidas.
Y lo inquietante no es encontrarlos…
Sino pensar cuántas cosas siguen ocultas sin que lo sepamos.
Una lección inesperada
Aquella experiencia me dejó algo claro:
No hace falta ir lejos para sorprenderse.
A veces, lo más increíble está justo donde menos lo esperas… esperando a que alguien lo descubra.
