Doña Elvira levantó la barbilla.
—Pues firmaste. Nadie te obligó.
Valeria miró a cada uno. A Camila con su mandil. A Mauricio con su aire de dueño. A su suegra abrazando al niño como trofeo.
Entonces Mauricio se acercó y bajó la voz.
—No te conviene pelear. NexaData depende de mí. Los servidores, las claves raíz, la arquitectura, todo pasa por mis manos. La demo con inversionistas es en 3 semanas. Si yo no coopero, la empresa se cae.
Valeria sintió frío.
—¿Me estás amenazando?
Mauricio sonrió apenas.
—Te estoy explicando la realidad.
Esa noche, Valeria se encerró en el baño, abrió la regadera para cubrir el ruido y llamó a Adriana.
—Acaba de admitir que puede sabotear la empresa.
—¿Lo grabaste? —preguntó la abogada.
Valeria miró el celular oculto en la bolsa de su bata.
—Sí.
Al día siguiente empezó la guerra silenciosa.
Valeria ordenó una auditoría interna sin avisar a Mauricio. Pidió a Lauren Paredes, su contadora de confianza, revisar todos los proveedores tecnológicos de los últimos 4 años.
El resultado llegó una noche, en una sala vacía de la oficina.
—Valeria… esto es gravísimo —dijo Lauren, girando la laptop.
Había pagos por 850,000 dólares a empresas fantasma: mantenimiento, ciberseguridad, servidores, consultorías inexistentes.
Una de ellas estaba registrada a nombre de Rosa Ríos.
La madre de Camila.
Valeria recordó a esa mujer llorando años atrás, jurando que su hija era una muchacha buena que solo necesitaba una oportunidad. Valeria les pagó deudas, ayudó a Camila a estudiar diseño y hasta la recomendó para su primer empleo.
Ahora su propia bondad estaba convertida en factura falsa.
Hugo siguió investigando y encontró algo más: Camila tenía mensajes con un exnovio de Puebla llamado Lucas. En los mensajes le exigía dinero por el niño, hasta que conoció a Mauricio y entendió que el verdadero premio era más grande.
Pero faltaba una prueba.
La cena familiar del domingo fue en la casa de doña Elvira, en Satélite. Toda la familia estaba ahí. Camila sentada en la mesa principal con el niño en las piernas.
Cuando Valeria entró, su suegra señaló una silla junto a la cocina.
—Tú siéntate allá. La mesa es para la familia.
Valeria permaneció de pie.
—Una familia no se construye con fraude.
Mauricio se levantó, pálido.
—Cállate.
—No —dijo ella—. Nos vemos en la demo.
Mauricio apretó los puños.
Esa noche, él preparó su último ataque.
Y Valeria ya sabía que lo intentaría frente a todos…
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