Parte 2: La fachada de la tumba

De repente, el portátil que estaba sobre la mesa emitió un pitido electrónico agudo que rompió el silencio. Javier se abalanzó sobre la pantalla. Su rostro palideció al ver la grabación de seguridad.

Dos todoterrenos oscuros acababan de detenerse frente a la estrecha puerta de entrada. Cuatro hombres salían del vehículo con las manos metidas dentro de sus gruesos abrigos.

Javier cerró de golpe el portátil, cogió los pasaportes y los metió en una mochila. Me agarró del brazo, con firmeza pero con desesperación.

—Te siguieron —siseó Javier, con la mirada fija en la puerta trasera de la habitación—. Creen que Mateo está vivo, y ahora saben que lo encontraste. Si quieres sobrevivir los próximos diez minutos, tienes que correr conmigo ahora mismo.