Fui al hospital a visitar a un amigo y terminé encontrando a mi exesposa en el área de hematología, sola, pálida y sin nadie que la acompañara.

—Esa mujer te está hundiendo. Ni hijos te pudo dar.

Diego nunca defendió a Mariana como debía.

Solo callaba.

Y el silencio, poco a poco, se volvió una firma.

La noche que pidió el divorcio, Mariana lo miró largo rato y preguntó:

—¿Ya lo habías decidido antes de decírmelo, verdad?

Él respondió con un gesto.

Ella no lloró. Solo entró al cuarto y empezó a guardar ropa.

Ahora, sentado junto a ella en ese corredor, Diego entendía que esa noche ella no se había rendido. Tal vez ya no tenía fuerzas ni para suplicar.

—Mariana, dime qué tienes.

Ella apretó la cobija contra su pecho.

—No vine a buscarte.

—Pero te encontré.

—Eso no cambia nada.

—Sí cambia.

Mariana lo miró con cansancio.

—No, Diego. Tú cambiaste de opinión porque me viste así. Si me hubieras visto fuerte, habrías seguido con tu vida.

Él no pudo responder.

Porque era cierto.

Una enfermera se acercó.

—¿Señora Mariana Torres?

Mariana intentó levantarse, pero sus piernas temblaron.

Diego reaccionó y la sostuvo del brazo. Ella se tensó al contacto, pero no se apartó.

La enfermera los miró.

—¿Es familiar?

Mariana abrió la boca para decir que no.

Diego contestó primero:

—Fui su esposo.

La enfermera bajó la mirada al expediente.

—Entonces acompáñela. El doctor necesita hablar de los resultados.

Mariana palideció.

—No, Diego. Tú no tienes que entrar.

Él la miró, sintiendo que todo lo que había evitado durante años le caía encima.

—Lo sé.

La puerta del consultorio se abrió.

Y cuando el doctor pronunció la primera palabra del diagnóstico, Diego sintió que el divorcio no había sido el final de su historia, sino el comienzo de algo mucho más cruel.

 

—Leucemia —dijo el doctor.

Diego no entendió al principio.

La palabra quedó suspendida en el consultorio, blanca, fría, imposible.

Mariana cerró los ojos.

El doctor Salcedo, un hombre de lentes y voz baja, revisó los papeles antes de continuar.

—Los estudios confirman que la enfermedad lleva tiempo avanzando. Iniciamos quimioterapia hace 3 semanas, pero la respuesta no está siendo tan rápida como esperábamos.

Diego sintió que el aire se le iba.

—¿Tiempo? ¿Cuánto tiempo?

 

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